El ictus es la primera causa del daño cerebral adquirido (DCA), que se produce cuando el cerebro se lesiona de forma brusca y repentina, afectando al normal funcionamiento de una parte del mismo. Además, es la segunda causa de muerte global en España y la primera de discapacidad.

Las secuelas pueden ser muy variadas dependiendo de la extensión del daño y de la zona del cerebro afectada. En un estudio realizado por la Federación Española de Daño Cerebral (FEDACE), se estima que cada año se producen más de 104.000 nuevos casos de DCA en nuestro país, suponiendo un gasto muy elevado en asistencia sanitaria y en servicios sociales.

Los afectados y sus familias se enfrentan a situaciones complicadas, necesitando en ocasiones la adaptación del domicilio. Por todo ello es muy importante concienciar a la sociedad sobre el tema. Aunque el manejo de pacientes con DCA ha mejorado mucho (gracias a la estrategia en ictus del Sistema Nacional de Salud y a la implantación del “código ictus”), se debe insistir en la prevención y en los tratamientos personalizados dentro y fuera del hospital.

La rehabilitación se debería iniciar de forma inmediata, con una valoración en el mismo momento del ingreso hospitalario. Desde algunas instituciones, como la Fundación Dacer, se promueve la neurorehabilitación temprana e intensiva. El objetivo final del tratamiento es mejorar la autonomía del paciente (aseo personal, vestido, tareas del hogar, etc.) y favorecer su integración laboral y social.

Otros aspectos a considerar son la programación de sesiones de rehabilitación de refuerzo en el propio Hospital y, tras el alta, facilitar la hospitalización domiciliaria multidisciplinar si procede. También se debe fomentar la formación continua de profesionales sanitarios y no sanitarios y la inversión en investigación.  La apertura de centros de neurorehabilitación de proximidad  (coordinados con centros de salud y hospitales) podría ser de gran ayuda para muchos pacientes.

Ante el DCA, el cerebro tiene la capacidad de reorganizarse y de crear nuevas conexiones neuronales, pudiendo corregir en parte las lesiones sufridas. Y, en ocasiones, los resultados obtenidos superan la visión más optimista de los neurólogos.

El 26 de octubre se celebra el Día Nacional del Daño Cerebral Adquirido. La persona que lo sufre y su familia deben mantener la esperanza, ya que con esfuerzo y ayuda siempre es posible la mejoría de las secuelas de una lesión cerebral.